domingo, 8 de diciembre de 2013


 

INMACULADA CONCEPCIÓN (Fiesta de Guardar). Por Iván Muvdi.

 

 
El día de hoy, mis queridos hermanos, amables lectores, considero pertinente intentar explicar de una manera sencilla el dogma de la Inmaculada Concepción, hoy tan negado, tan cuestionado, como todo lo relativo a la Santísima Virgen.
Creo que antes de entrar en detalle, es importante destacar el lugar que ocupa la Santísima Virgen María dentro de esta etapa de Adviento. Uno podría mirar varios personajes e intentar reflexionar sobre su experiencia con relación a la venida del Redentor y sacar mucho provecho espiritual en nuestra propia preparación. Ellos serían: el profeta Isaías, de cuyos escritos hemos venido nutriéndonos; San Juan Bautista, cuyo personaje destaca la liturgia en este tiempo, la Sma. Virgen María a quien se le hace énfasis ( y aunque la liturgia no incluye a San José como personaje propio de este tiempo, es provechosa su experiencia como parte de nuestra meditación y preparación a navidad).
María se presenta como modelo de obediencia, de humildad, de apertura a la gracia, de silencio meditativo, de contemplación. Si hay alguien que de manera especial preparó el camino para acoger al Hijo de Dios, fue ella, la cual fue el medio humano por el cual Jesús se hizo hombre y habitó entre nosotros. Por eso les decía que con énfasis este tiempo de adviento resalta a la Bienaventurada y siempre Virgen María; por eso es motivo de fiesta, de solemnidad; por eso incluso por ese día se utilizan ornamentos de color blanco ( o dorado. En algunos lugares: azul) y no el habitual morado propio del tiempo. Sin embargo, lo particular de este año es que coincidió esta solemnidad con el segundo domingo de adviento y en los tiempos fuertes la liturgia del día se impone sobre cualquier otra fiesta. Debido a ello, la autoridad eclesiástica pertinente, concedió una excepción para Colombia con algunas condiciones especiales, como por ejemplo, que la segunda lectura sea la propia del día (no debe variarse), en la homilía se haga referencia al adviento y de igual manera en la oración de los fieles. La oración colecta debe ser la establecida para el segundo domingo de adviento.
Cuando hablamos de concepción inmaculada, estamos aseverando que, en el momento en que se dio la fecundación que traería como consecuencia la persona de María, ésta fue PRESERVADA de ser concebida con la mancha del pecado original, que es un pecado heredado y con el cual todos nacemos. Por eso hablamos en términos teológicos que ella fue “Redimida por Preservación”. Ahora bien, los que se oponen a este dogma aducen que la Iglesia Católica resta importancia a Cristo para dársela a María. Este razonamiento está muy lejos de la realidad y por ende de la verdad. Los dogmas marianos refuerzan lo que la Iglesia nos enseña con referencia al Señor Jesús. Por ejemplo: en la mentalidad hebrea, quien transmite el pecado original es la madre en el momento de la concepción. Quiere esto decir, que al no ser preservada María de este pecado, Cristo hubiese nacido con él. Esto equivale a decir, que Jesús estuvo bajo el poder del pecado y recordemos que Él es Dios, sería falsa la Escritura que nos dice que “Jesús fue semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado”; sin embargo, hay unos textos bíblicos que fundamentan teológicamente este dogma que fue proclamado por el P.A.P.A Pío IX el 8 de diciembre de 1854.
 
·      Lc 1, 28: cuando el Arcángel Gabriel saluda a María, le dice, “de parte de Dios”, “LLENA DE GRACIA” (Gr. Kejaritomene), “tú que has estado y sigues estando llena del favor divino”. La gracia es la presencia de Dios en el alma; esta presencia se “aleja”, al cometer pecados y permanecer en ellos sin arrepentimiento y sin acudir a la reconciliación. Hay tratados extensos que explican lo que es la gracia, sin embargo, quiero resaltar que lejos de la gracia actual, o la gracia sobre actual, nos referimos a que la presencia de Dios en María es permanente, no se ha visto afectada desde su concepción por el pecado y en razón de ello, es que puede ser el instrumento por el cual Cristo se hará presente en este mundo como una persona humana.
·      Lc 1, 47: “se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”. ¿Por qué María habla de salvación si apenas la humanidad de Jesús, “el Salvador”, se está gestando en su vientre? ¿De qué tipo de salvación está hablando si no la están persiguiendo? Para mí, este texto es fundamental a la hora de hablar de “redimida por preservación”, es decir, fue redimida antes de que Jesús muriera y resucitara por toda la raza humana pasada, presente y futura al momento del sacrificio. Desde este contexto es que pienso que debe entenderse lo siguiente:
·       Gen 3,15:   Haré que haya enemistad entre ti (serpiente) y la Mujer. ¿Cuál mujer? Podemos escuchar, el pueblo de Israel, la iglesia; y esto no es falso, sin embargo, no se menciona a la “mujer” únicamente como figura que nos reúne a todos los creyentes; si fuera así, el autor sagrado no redundaría al expresar: “entre tus descendientes y sus descendientes”. Esta mujer luego es referenciada con el apelativo Virgen (Is 7, 14), ahora entonces, mujer – virgen. ¿Por qué Jesús llamaba con frecuencia a María como MUJER? Para que entendamos a quién se refería el Antiguo Testamento.
·      Jn 19, 26-27: el Antiguo Testamento (Génesis) nos menciona como consecuencias del pecado original: parir con dolor, tener que trabajar y la peor de todas, “la muerte”. San Juan en el texto que hemos referenciado por su cita, nos dice que Jesús dice a su madre: “Mujer ahí tienes a tu hijo” y luego a Juan: “ahí tienes a tu madre” y desde ese momento la recibió en su casa. María tuvo un hijo al pie de la cruz y lo tuvo sin dolor. Ella es la nueva Eva, distinta a la primera por cuya desobediencia entró la muerte al mundo. Esta nueva Eva puede tener hijos sin dolor, porque no ha pecado.
 
Podría citar algunos otros ejemplos pero no quiero extenderme más, sin embargo quiero compartirles lo siguiente:
·      Eva fue seducida para hacer el mal por medio de un ángel. (La serpiente, que es un ángel caído).
·      María es seducida por el amor de Dios cuyo mensaje fue transmitido por un ángel.
·      Eva desobedece.
·      María obedece.
·      La desobediencia de Eva causa su muerte y la de todos los demás.
·      La obediencia de María causa la salvación para ella y toda la raza humana.
·      Eva ató la libertad del hombre.
·      María contribuye a la liberación del hombre dando su sí a Dios para que el Redentor viniera a este mundo, compartiera nuestra naturaleza y se entregara a la muerte por todos.
·      La desobediencia de Eva procede de su falta de fe.
·      La obediencia de María procede de su fe.
·      Eva huye de la presencia de Dios al desobedecer.
·      Al obedecer, María recibe en su seno a Dios.



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

sábado, 7 de diciembre de 2013


Lecturas del día: (sábado 7 de diciembre):
                               (Comentarios a las lecturas al final).

 Lectura del libro de Isaías (30,19-21.23-26):

Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará a la voz de tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: "Éste es el camino, camina por él." Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de la cosecha del campo será rico y sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con bieldo y horquilla. En todo monte elevado, en toda colina alta, habrá ríos y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres. La luz de la Cándida será como la luz del Ardiente, y la luz del Ardiente será siete veces mayor, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe.»

Palabra de Dios.
 
 
Salmo

Sal 146,1-2.3-4.5-6

R/.
Dichosos los que esperan en el Señor

Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel. R/.

Él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre. R/.

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados. R/.

 Lectura del santo evangelio según san Mateo (9,35–10,1.6-8):

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»
Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
A estos doce los envió con estas instrucciones: «Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.»


Palabra del Señor.
 

Al ver a las personas, se compadecía de ellas! Por Iván A. Muvdi Meza.



Enmudece el corazón, todo nuestro interior, al tratar siquiera de imaginar el inmenso amor de Dios por la humanidad. Jesús vio a la multitud desorientada, como ovejas sin pastor, y allí está Él preocupado por todos ellos, por todos nosotros y nos dice al oído yo soy tu Pastor! no temas! Pues Yo voy delante abriéndote el camino; y como nos decía el miércoles, (reflexión: “No sea que desfallezcan en el camino”) yo te conduzco hacia fuentes tranquilas, su vara y su cayado inspiran confianza, pues aunque estemos atravesando el más oscuro de los valles, Él va con nosotros.
El P.A.P.A. Benedicto XVI, en su encíclica “Deus Caritas Est”, nos explica en la primera parte que la novedad bíblica frente a las concepciones de la divinidad en la antigüedad, (donde Dios, es un Dios distante, ajeno a nuestros sufrimientos; el hombre tiene que esforzarse por no hacerlo enojar, pues es un implacable castigador),  es que nuestro Dios estima y ama a la creatura que Él mismo ha hecho. El Dios único en el que cree Israel ama personalmente. Su amor, además, es un amor de predilección…Entre todos los pueblos de la Tierra, escoge a Israel y lo ama, aunque con el objeto de salvar a toda la humanidad.
Quisiera que hagamos juntos el ejercicio de contrastar esta afirmación de S.S. Benedicto XVI con lo que nos dice Dios a través del profeta Isaías en la primera lectura:
·      No tendrás que llorar porque tan pronto gimas Dios escuchará tu ruego.
·      Aunque Dios te dé el pan y el agua medidos, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos lo verán.
·      Si te desvías a derecha o a izquierda del camino escucharás en tu oído: “este es el camino, camina por él”.
Cuántas veces nuestros sufrimientos nos impulsan a pensar o creer que Dios se ha olvidado de nosotros, cuántas veces hemos pensado, siquiera, siendo atrevidos y sentarlo a Él en el banquillo de los acusados y reclamarle por su silencio, por su pasividad en referencia a nuestras carestías y sufrimientos. No es este el camino mis queridos hermanos. Lo que nos hace ciegos, lo que no nos deja ver la acción de Dios en nuestra cotidianidad es el hecho de no aceptar la sencillez de su proceder, es no aceptar que Él no actúe como “nosotros pensamos que TIENE que ser”, que no sea en el tiempo que nosotros queremos, etc.
Recuerdo mientras escribo estas líneas, que el P.A.P.A. Juan Pablo II en las reflexiones que se consignaron en la obra “Cruzando el Umbral de la esperanza” nos decía precisamente así: “Hombre, tú que juzgas a Dios, que le ordenas que se justifique ante tu tribunal, piensa en ti mismo, mira si no eres tú el responsable de la muerte de este Condenado, si el juicio contra Dios no es en realidad un juicio contra ti mismo. Reflexiona y juzga si este juicio y su resultado -la Cruz y luego la Resurrección- no son para ti el único camino de salvación”.
Son mis pecados lo que han traído tal muerte; pero viendo el resultado “mi salvación”, “el amor de Dios”, “ser coherederos con Cristo en el cielo”, sólo me resta exclamar con el exultet: “Oh, feliz culpa, que nos dio tal Redentor”.
La realidad es que Dios siempre actúa, nunca se encuentra pasivo, “Nunca duerme el guardián de Israel”, es menester esperar en fe.
Para nosotros hoy, la concepción de un Dios distante, ajeno a nuestros sufrimientos, no puede iluminar nuestra experiencia. Estamos próximos precisamente a celebrar al Enmanuel, DIOS CON NOSOTROS. Tan cercano como para hablarnos al oído e indicarnos cuál es el camino que nos conduce hasta Él.
Oh, mis queridos hermanos, pidamos a la Santísima Virgen que nos ayude a esperar, a aguardar la venida de nuestro Enmanuel, en fidelidad, en amor, en entrega total. San Pablo nos dice: “Para mí, el vivir es Cristo”; que ojalá nosotros podamos hacer vida estas palabras desde nuestra propia experiencia. Nos Dirá Benedicto XVI: “el hombre, viviendo en fidelidad al único Dios, se experimenta a sí mismo como quien es amado por Dios y descubre la alegría en la verdad y en la justicia; la alegría en Dios que se convierte en su felicidad esencial: ¿no te tengo a ti en el cielo? Y contigo, ¿qué me importa la tierra?... Para mí lo bueno es estar junto a Dios. (Sal 73 (72) 25.28).
Citando nuevamente al tan recordado Papa Juan Pablo II, en su Carta Encíclica Dives in Misericordia”, nos dirá que, “Dios, rico en misericordia es el que Jesucristo nos ha revelado como Padre; cabalmente su Hijo, en sí mismo, nos lo ha manifestado y nos lo ha hecho conocer”. Por eso vemos a Jesús sanando todo tipo de enfermedades y dolencias, pero sobretodo, preocupado por vernos como ovejas sin pastor; por ver que la necesidad es mucha y que son muy pocos los que se comprometen por llevar a Dios-amor al corazón de todos los seres humanos.
Jesús encarna y personifica la misericordia de Dios. Pienso que uno de los más grandes retos que tenemos todos es vivir y sentirnos realmente amados por Dios. Es fundamental que trabajemos sobre esto; creo que de alguna manera nos hemos rutinizado, en el sentido de que sí, Jesús se entregó a la muerte por mí; pero vemos esto como algo en la historia y no en mi historia personal “hoy”. Le pido a Dios para mí y para ustedes, que nos permita redescubrir su amor por nosotros, redescubrirnos amados personalmente por Él, con amor de predilección, porque al igual que Israel, el nos escogió a ti y a mí desde antes de nacer, fue Él quien nos formó en el vientre de nuestra madre y es por cada uno de nosotros que a través de la liturgia y por la fuerza y el poder del Espíritu Santo actualiza su única pascua y se queda realmente presente, como Enmanuel, en el sagrario para que se cumpla en nosotros lo que dice la Escritura: ¡Yo no te dije buscadme en el vacío!
Sobra decir que hacen falta muchos sacerdotes y que hay que rogar para que los que en este momento están al frente de las diversas comunidades, sean realmente, pastores según el corazón de Dios; pero también, mis muy amados hermanos, hay que pedirle a Dios que nos anime a todos y a cada uno de nosotros a tomar de una vez por todas partido en la misión evangelizadora de la Iglesia (que somos todos) con relación al anuncio de Cristo, especialmente con nuestro ejemplo. Este debe ser el siglo de los laicos, nos decía Juan Pablo II.
También pido al Señor que nos conceda ser impulsados por sus sentimientos para que también nosotros podamos sentir compasión (que no es lástima) por nuestros hermanos, especialmente los que sufren en el alma o en el cuerpo por causa de la injusticia social, la enfermedad, el desánimo, etc.
No quiero extenderme más, espero realmente que estas reflexiones que con amor te comparto te aporten a tu espiritualidad y te sirvan en tu de conversión y de servicio a Dios. Dios te bendiga!
 
 

viernes, 6 de diciembre de 2013


¿Creéis que puedo hacerlo? (Mt 9, 27-31). Por Iván Muvdi.


La liturgia de hoy sigue insistiéndonos en la importancia de la esperanza y de la fe en Aquel que no defrauda.

El profeta Isaías (29, 17-24) inicia su profecía diciéndonos: “PRONTO; MUY PRONTO”; el desierto parecerá un bosque, los sordos oirán las palabras del libro, sin ninguna tiniebla, ni oscuridad verán los ojos del ciego, los oprimidos volverán a alegrarse con el señor, etc.

Anuncia un futuro donde las realidades que nos hacen sufrir, dejarán de existir. No nos permitamos desfallecer porque será pronto, muy pronto!

La respuesta del salmo (27), nos exhorta a no tener miedo si es verdad que hemos hecho del Señor, nuestra luz y nuestra salvación.

Por su parte, San Mateo, nos presenta la sanación de dos ciegos que detrás de Jesús se le van acercando gritándole “ten compasión de nosotros, Hijo de David”. Jesús se detiene y les interpela con la pregunta que escogí para encabezar esta reflexión de hoy: ¿creen que puedo hacerlo? Ellos le contestaron que sí y entonces Él les dijo: “que suceda tal y como lo creen”. Y se obró el milagro.

Como les escribí en mensaje anterior, esta época de preparación para la navidad es primordialmente un tiempo de esperanza. Son muchas las cosas que nos agobian y que pueden llevarnos a la más profunda oscuridad si somos presa fácil del miedo, de la desesperación, de la desesperanza. Se me viene a la mente recordar parte de aquellas bellas palabras que expresó, lleno del espíritu santo, Zacarías cuando contempla al hijo que Dios le dio en su ancianidad, Juan el Bautista; y después de haber permanecido mudo por nueve meses por no haberle creído al ángel: “Nos visitará el sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte”.

Por muy oscura que pueda aparecer la noche de nuestras vidas, siempre debe animarnos la certeza de que es cuando más pronto está por amanecer. Viene el sol sin ocaso a iluminarnos mis queridos hermanos, abramos nuestro corazón a la esperanza y no dejemos que nuestras dificultades emocionales, económicas, laborales, familiares, etc. “Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece”, por eso si el Señor es mi luz y mi salvación ¿a quién temeré?

Cuántas veces nos suceden cosas que se escapan a nuestra comprensión, tratamos una y otra vez de entender ¿por qué el Señor las permite? Sin embargo, obtener la respuesta puede llevar mucho tiempo, pues como lo he mencionado varias veces, nosotros que no conocemos el futuro, medimos las cosas por cómo se ven ahora, más Dios, para quien no hay límites ni en el tiempo, ni en el espacio, observa todo desde el final dándole un propósito, siempre positivo, a las situaciones que nos atormentan o nos causan dolor. Por eso, mis queridos hermanos, por esta condición de sólo ver el aquí y el ahora, todos somos ciegos. La pregunta es, ¿realmente creemos que Dios es capaz de sacar un gran bien de las cosas malas que nos ocurren? Es tan fuerte nuestra fe como para hacer nuestras las palabras de san Pablo: “¿quién nos separará del amor de Cristo? ¿La desnudez? ¿La miseria? ¿El hambre? ¿La persecución? ¿El sufrimiento? ¿Las dificultades? PERO EN TODO ESTO SALIMOS MÁS QUE VENCEDORES POR MEDIO DE AQUEL QUE NOS AMÓ. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, nuestro Señor!

El verdadero milagro, amados en el Señor, es que nosotros seamos capaces de creer contra toda esperanza; esto fue lo que hizo grande al patriarca Abraham que creyó que una tierra llena de multitud de personas sería suya y de sus descendientes; que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas a pesar de su ancianidad y la de su esposa, que además, era estéril; creer y seguir a un Dios cuya figura no veía. Creer contra toda esperanza, aunque todo parezca imposible, Creer porque PRONTO, MUY PRONTO, todo cambiará. Es interesante ver cómo termina Isaías, por lo menos a mí me tocó mucho: “Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza”. Deduzcan ustedes mismos si no vale la pena apostarlo todo para Dios. Lo que ahora no comprendemos porque no conocemos el final, lo entenderemos y seres los testigos, en primera fila, de la inmensa e inagotable misericordia y amor de Dios; no olviden el salmo: “al ir iban llorando sembrando la semilla; al volver, vienen cantando trayendo las gavillas”. (Sal 125). Lo que pasa es que no nos gusta esperar, queremos que todo lo que consideramos bueno venga YA! No hay otro camino distinto a la esperanza, a la paciencia, a la fe, a la confianza plena en Dios que nos ama; sólo así se verá en plenitud que ciertamente creemos “que Él tiene el poder” para bendecirnos plenamente, para rodearnos de todo aquello que es necesario para nuestro bienestar físico y espiritual.

La Sma. Virgen María es figura de entrega total, de espera paciente, de guardar en su corazón todo lo que no entendía sin desesperar, sin renegar de Dios o de las situaciones adversas, sólo esperó y miren todo lo que obtuvo.

Oh, Señor! Cuán difícil es doblegar nuestra condición de fragilidad que nos lleva a la duda, a la desconfianza, al temor. Sólo somos una hoja seca que el viento puede mover con facilidad si nos aferramos a Ti. Danos tu mano, Señor, y sálvanos que perecemos en medio de las tormentas de nuestra vida que dificultan nuestra visión de Ti y de tu amor. Que la fe, la esperanza, la confianza y nuestro amor a ti, nos lleven a no apartar nuestra mirada de tu rostro, por muy violentas y fuertes que nos golpeen las olas o las ráfagas del viento. Si sentimos que duermes, Señor, que sea nuestra oración insistente la busque despertarte, para al final comprender que no eras Tú quien dormía, sino nosotros. Jamás duerme el guardián de Israel.

Bendícenos, Señor; fortalece nuestra fe, anima nuestra esperanza y permítenos confiadamente esperar, perseverando en la oración y las buenas obras, el momento en que llegarás a iluminarlo todo y a cambiar todo aquello que nos daña y que nos duele. Amén.
 




jueves, 5 de diciembre de 2013


EN LA ENCRUCIJADA DE NUESTRA EXISTENCIA. (Los dos caminos). Mt7, 21.24-27. Por Iván  Muvdi.


La liturgia de hoy evoca unas imágenes muy hermosas y tocan profundamente nuestra forma de expresar y vivir la fe que decimos tener.

En la primera lectura tomada del libro de Isaías (Is 26, 1-6), se nos invita a la confianza pues si entramos y permanecemos en Jerusalén, estaremos seguros, debido a que Dios mismo la ha fortificado con murallas y baluartes; sin embargo, hay una actitud que debemos mantener para poder estar allí seguros. Lo mencionaremos más adelante.

El salmo (117), por su parte, nos reafirmará que mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres; pero también nos dice que sólo los vencedores entrarán a la ciudad de Dios.

En el Evangelio, tomado de San Mateo, (Mt 7, 21.24-27), el Señor Jesús nos invita a edificar sobre la “Roca” que es Él mismo. Pero llega el momento de enunciar las actitudes y compromisos que nuestro Dios y Señor nos pide para poder acceder a todas estas bondades.

En la primera lectura:

“Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti”.

·      Practicar la justicia.

·      Ser leales a nuestros compromisos.

·      Cumplirlos con firmeza.

·      Ser gestores de paz y no de discordias.

·      Confiar plenamente en Él.

·      Ser humildes.

En el salmo:

·      Ser agradecidos con Dios. “Dice esta es la puerta”

·      Depositar nuestra fe y confianza en Él.

En el Evangelio:

·      Cumplir la voluntad de Dios.

·      Escuchar a Cristo y poner en práctica sus enseñanzas.

 

Jesús utiliza la imagen de una construcción y las consecuencias cuando una casa se construye sobre arena y otra sobre roca firme. Sin embargo, como en una reflexión anterior me referí a lo que significa construir sobre roca, hoy quisiera compartirles cuál es la encrucijada de todo ser humano que busca vivir de cara a Dios. Por eso en la imagen que adjunte debajo del título que encabeza el mensaje de hoy coloqué dos caminos, uno que nos conduce al bien y el otro al mal.

Una vez viendo un documental, el expositor nos ilustraba indicándonos lo que pasó en Masada, una fortificación construida por Herodes sobre una montaña, dando la impresión de estar erigida sobre un gran abismo y sobretodo, inculcaba en las mentes de quienes le veían que se trataba de una construcción impenetrable. Masada traduce fortaleza. En ese lugar, se refugiaron un poco más de 900 personas del grupo de los “zelotes” contra un asedio romano que duró 9 años, hasta que por fin, los soldados romanos encontraron la forma de ingresar a esa fortificación. En su interior, los zelotes, que apreciaban y estaban comprometidos con su libertad y sobre todo con su religión vieron en la futura conquista romana un peligro de esclavitud y un peligro en cuanto al corrompimiento de sus costumbres y valores religiosos, así que decidieron morir antes que verse entregados a los romanos; así cuando estos por fin ingresaron, los encontraron a todos muertos. Hoy en día, como parte del final del proceso de adiestramiento de las fuerzas militares de Israel, llevan a los soldados a Masada y allí hacen este juramento: “mientras yo viva, Masada no caerá”.
Hoy, mis muy amados en el Señor, quisiera invitarlos a esto, a que juntos hagamos el propósito de que esta edificación de Dios, que somos nosotros, sus templos vivos, no caiga en el egoísmo, la injusticia, la maldad, el apego desenfrenado a los bienes materiales, no caiga ante la impureza, ante los vicios, ante la intolerancia; que mientras vivamos esta vida mortal, seamos capaces de asumir como nuestra gran responsabilidad que Masada (que eres tú, que soy yo, que es la familia que has construido), no caiga. Para poder lograrlo, necesitamos a Dios, necesitamos su gracia.
“Mira, yo he puesto delante de ti hoy, la vida y el bien, la muerte y el mal…escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. (Dt 30, 15-20).

“Escogeos hoy a quién serviréis”. (Jos 24, 15).

“Así dice Yahwéh, he aquí que pongo delante de vosotros camino de vida y de muerte”. (Jer 21,8).

Desde hace varios mensajes que les he compartido, les he insistido una y otra vez de que estamos en medio de una guerra espiritual de grandes alcances y eso significa que tenemos que tomar partido y que de hecho lo hacemos cada día con nuestras acciones. En este sentido es una realidad para nosotros el hecho de que en frente tenemos dos caminos y hemos recibido la libertad para tomar cualquiera de los dos.

El problema es que el camino que nos conduce a la felicidad tiene una puerta estrecha, mientras que el camino que nos trae como consecuencia la muerte, tiene una puerta espaciosa, nos presenta cada cosa con un envoltorio tal, que a veces, nos es muy difícil percatarnos del mal que hay en tal situación.

Por eso, en este sentido, no en el del suicidio (que en aquel tiempo y cultura era considerado honorable), es importante el ejemplo de los zelotes de Masada: “La lealtad es sólo para Dios”.

Hay una canción que nos dice “que se te note, que se te note, que se te note que tú amas a Jesús”; creo, mis queridos hermanos, que este es nuestro gran pecado en estos tiempos; no se nos nota; el mundo está como está porque se nota más el mal, porque hemos sido incapaces de que se note más el bien.
 
Oh, Señor, cuando el Rey David tuvo que huir de Saúl, se dirigió al desierto y se refugió en "lugares fuertes", dentro de las rocas (Sal 18, 1-2. Cuevas); míranos benigno y concédenos la gracia de no sucumbir frente a nuestros deseos de comodidad, de poca lucha y de poco esfuerzo. Por el contrario, guía tú nuestros pasos y fortalece nuestra voluntad para escoger por amor y siempre en libertad el camino del bien que Tú nos presentas a pesar de que su puerta sea angosta. Que nuestra lealtad y fidelidad sea para Ti, que mientras vivamos peregrinos por este mundo el Masada de nuestra existencia no caiga, porque Tú, Señor, serás nuestra roca y nuestra fortaleza, nuestro refugio en el peligro, el baluarte donde nos ponemos a salvo.
Que Dios nos bendiga a todos! Amén.

 

miércoles, 4 de diciembre de 2013


“NO SEA QUE DESFALLEZCAN EN EL CAMINO”… (MT 15, 29-37). Por Iván Muvdi.

 
La liturgia de hoy nos presenta como imagen central el hecho de compartir con Dios un banquete.

En la primera lectura, tomada del libro de Isaías, invitándonos a la esperanza (él consuela al pueblo que se encontraba exiliado y esclavizado), nos presenta a Dios preparando un suculento manjar en su monte, todas las naciones invitadas y se cantará a grandes voces: “aquí está nuestro Dios de quien se esperaba nos salvara”; es decir, todos contemplarán su triunfo sobre el mal y sobre la muerte; pero sobre todo, la esperanza depositada en Él no quedó defraudada.

El salmo, que es la respuesta en oración de quien se deja impetrar por la proclamación de la primera lectura, refuerza esta idea de festín, de banquete: El Señor, que es el “Buen Pastor”, “nos lleva a verdes pastos, repara nuestras fuerzas, nos conduce hacia aguas límpidas y tranquilas, prepara un banquete para nosotros en frente de nuestros enemigos”.

En el Evangelio, Jesús lleno de compasión, no quiere que las personas que fueron a su encuentro y que ya tenían tres días con Él en el monte, se desmayaran por los caminos, por eso multiplica panes y peces y les da de comer.
 


El Espíritu me inspira contrastar estas imágenes muy dicientes con el episodio del llamado “Rico Epulón y el pobre Lázaro” (Lc 16, 19-31).
En griego epulos significa banquete, es decir, realmente epulón (banquetón) no es un nombre y estos detalles en la Biblia, no son casuales. Cuando un personaje no tiene nombre, es para que ese nombre sea el tuyo o el mío. Seremos el personaje, si hacemos lo que él hace.
Nos dice la Escritura que vestía de púrpura (las telas más finas y costosas), que ofrecía “banquetes diarios” y que ni siquiera daba las migajas que caían de su mesa a un mendigo que yacía en el suelo a las afuera de su casa.
Caso contrario, Jesús siente compasión al ver la gente llena de necesidades.
En ambos textos se muestra la miseria humana, la miseria física, pero más dolorosa aún, la miseria espiritual.
El contexto de un banquete para un judío, que no se sienta con cualquiera a la mesa, es signo de comunión, de estrecha e íntima relación. Epulón rechaza entrar en comunión con sus hermanos, por lo menos, con los necesitados. Cristo, por el contrario, no distingue entre unos y otros, a todos ama, a todos cobija con su amor misericordioso, porque todos lo necesitamos independientemente de los recursos económicos con los que contemos.
En el caso de Epulón, la fiesta no acaba, tiene varios días; no se ha pensado en otra cosa que no sea divertirse; no se piensa en el trabajo, en la familia, en el otro. Es la carnalidad y el egoísmo lo que da fuerzas para continuar en la fiesta. Así es el pecado, pareciera que fuera de nunca acabar.
Pero, ¿cuál es el destino de Epulón? ¿Cuál el destino de sus hermanos y amigos que vivían como él? El llanto y el crujir de dientes, las tinieblas exteriores.
 
Es un hecho, Dios nos ama, quiere establecer una relación íntima y muy familiar con nosotros, por eso nos invita a su mesa, Él es el anfitrión, Él es quien sirve y Él es quien se sirve. Él es el manjar insustituible, el festín de manjares suculentos que menciona Isaías, Él es el pasto siempre verde, la fuente de agua límpida.
Por eso, mis queridos hermanos, no debemos temer el colocarnos en sus manos, Él nunca defrauda. Pero nuestra debilidad nos hace inconstantes, temerosos, nos agotamos con facilidad; por eso es importante, renovarnos en Él cada día, dejarlo reparar nuestras fuerzas, dejarnos guiar por Él hasta los verdes pastos o hasta las fuentes de agua limpias y tranquilas.
Esto es lo que quiere recordarnos la liturgia de hoy; alejarnos de la monotonía, de celebrar por costumbre y redescubrir que es precisamente por nosotros, para nosotros, que Jesús viene litúrgicamente en este momento, pero en gloria en su parusía. Nos desfallezca nuestra esperanza, pues Dios mismo enjugará cada lágrima y Él mismo nos llevará a su casa y nos sentará en su mesa.
Nuestros esfuerzos no son en vano; mis pobres esfuerzos son multiplicados por Dios. ¿Cuáles son los panes y los peces que hoy le ofreceremos al Señor?
Oh, Señor, ¿cómo podemos agradecerte o compensarte por tanto bien? No podemos, Señor, jamás estaremos en condiciones de ofrecerte algo que esté a tu altura; sin embargo, sigue posando sobre nosotros tus ojos llenos de amor, compasión y misericordia; sigue velando para que no desfallezcamos en el camino, sigue guiando nuestros pasos para encontrar cada día pastos verdes que renueven nuestras fuerzas y nuestra entrega a Ti. No permitas que nos contaminemos por el egoísmo, la injusticia, la maldad. Te abrimos el corazón para que donde abundó el pecado, sobreabunde tu gracia. Que sea tu voz la única que reconozcamos para que no andemos tras otras guías, ni construyamos apariencias y felicidad artificial como lo hizo Epulón. Me presento ante ti como Lázaro, menesteroso, lleno de miserias y llagas. Sé Tú mi consuelo, mi salud, mi fuerza para continuar. Tu amor me sostenga en pie de lucha y la esperanza me anime porque en Ti nunca seré defraudado. Amén.
 
 
 
 
 

 

 
 

martes, 3 de diciembre de 2013


Te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra. (Lc 10,21-24). Por Iván Muvdi.


Hoy, en la primera lectura, tomada del Libro de Isaías, el Señor nos coloca en frente un futuro muy diverso al presente en el que vivimos, presa de la violencia, la injusticia y todo tipo de maldad. Un futuro con el Señor, construido por Él, como el vástago de Jesé que retoña en medio de nuestros desiertos; entraña paz, entraña armonía, convivencia pacífica y por ende felicidad perpetua. Todo esto se expresa con imágenes como un niño metiendo su mano en el nido de la serpiente, o el león pastando junto al buey, sin agredirse mutuamente o recibir algún tipo de daño. Pero pienso que lo clave en esta lectura, lo que nos llevaría a participar o beneficiarnos de ese futuro prometedor son dos cosas:


    1. Lo que inspira a Jesús es el don de Temor del Señor:

Para imitar a nuestro Señor, debemos de vivir como lo hace el hombre que habita en el desierto, siempre en estado de alerta frente al peligro. No podemos olvidar nuestra condición de fragilidad, nuestra inclinación natural hacia lo malo y lo pesados que podemos ser para movernos hacia todo lo bueno. Para poder vencer frente al mal que hay a nuestro alrededor e incluso en nuestro interior, es menester evitar las ocasiones de pecar, unirnos a nuestro Dios en oración y frecuentar los sacramentos de las Eucaristía y Reconciliación. No estamos solos en esta lucha, el “León de la tribu de Judá ya venció… Huid poderes enemigos”. Que sea, al igual que a Jesús, el temor a ofender a nuestro Dios lo que inspire y guie nuestra vida.

2. En el Evangelio, tomado del libro de San Lucas, Se nos muestra a un Jesús rebosante de alegría y que impulsado por la misma, pues su alegría es Dios y lo que Él hace, le agradece por revelar la profundidad de su amor, de su actuar, sólo a los sencillos, a los humildes. Así que si en la primera lectura lo central del mensaje es que debemos dejar que el don de temor de Dios inspire y guíe nuestra vida, ahora nos dice Jesús que para que ello pueda ser una realidad tenemos que ser sencillos, humildes; abrirle el corazón a Dios y dejar que Él haga su obra en nosotros.

Ya que iniciamos nuestra reflexión evocando al hombre del desierto, quiero continuar con esa misma imagen. La vida es un desierto y para cruzarlo necesitamos perseverancia, tenacidad y fortaleza. Por eso, el animal ideal para el desierto es el camello y no el caballo. Quizás el caballo sea más rápido, tal vez más fuerte; pero en el desierto, el rey es el camello. Es más lento pero sus pasos siempre llegan firmes y seguros a destino a pesar de la escasez de agua o alimento. Sus pestañas son largas para proteger sus ojos de las tormentas de arena, incluso en medio de ellas, es capaz de seguir viendo, tiene en su interior reservas de energía que le sirven en momentos de carestía de agua y alimentos. En la vida espiritual, no se corre, se toma el tiempo necesario, se hacen las cosas con todo el cuidado, pues es mucho lo que está en juego, me refiero a la eternidad. Por eso, no podemos ser presumidos y creer que ya somos santos, que ya estamos convertidos, que con toda seguridad ya hacemos únicamente lo que Dios quiere de nosotros. Por eso San Pablo nos dirá que a menudo presume de sus debilidades, para que en él resida la fuerza de Dios y por ende al final será más fuerte.

Que en este camino de preparación para recibir al Hijo de Dios que viene pronto, nos inspire el don de temor del Señor, nos lleve en sus brazos la santa humildad y vayamos como el camello hacia este encuentro, para que al final de nuestra existencia mortal, podamos gozar de todo lo que Dios ha preparado para nosotros y para que a lo largo de esta vida nuestras acciones y palabras sean una continua alabanza a nuestro Señor y Padre.